Todos tenemos un niño interno, aquel que nos acompaña a diario y el que define todas nuestras emociones, pensamientos y acciones en nuestra etapa de adulto, pero, asimismo, la mayoría de las personas tenemos ese niño interior herido, abandonado, solo, ignorado; y, por ello, es que no entendemos muchas cosas que nos suceden ya de grandes, es por ello que no terminamos de ser plenamente felices y de sentirnos en paz…
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Está dentro de lo “normal” tener este niño interno herido, pues no existen los padres, maestros ni situaciones perfectas, pero lo que no es “normal” o mejor dicho, no es “sano” es ignorar esto, es dejar a un lado a ese niño interior e ignorar esas heridas, pues las consecuencias se hacen notar cuando somos adultos.
Y es que desde que nacemos hasta, más o menos, los dieciséis años, edad en la que entramos en la madurez emocional, necesitamos que nuestros acompañantes (padres, maestros, familiares, amigos) nos den seguridad, libertad y amor. Pues, al faltar algo de esto tendremos carencias que, inconscientemente, buscaremos llenar fuera.
Es decir, una persona con un niño herido busca cubrir sus necesidades a través de los demás, tal cual como lo hiciera de pequeño con sus padres. Pero, ¿cómo sé si tengo un niño interior herido y en qué magnitud?
Pues, si te sientes identificado con alguno de los siguientes puntos, tu niño necesita tu atención y tu amor… y, sobretodo ¡Necesita ser sanado!
Repites patrones familiares de forma inconsciente
Si actúas exactamente como lo hicieron tus padres, a pesar de que te habías jurado siempre no ser como ellos, es una señal de que tu niño interno está herido.
Actúas así porque es lo único que conoces y de lo que te refugias tras la ausencia de un modelo mejor. También, puede ocurrir que te rebeles y termines haciendo algo impropio de ti en respuesta a las conductas de tus familiares.
Utilizas la manipulación en tus relaciones
Manipulaciones como el victimismo y el chantaje emocional son estrategias de niños heridos, no de adultos sanos, capaces de cubrir sus propias necesidades.
Sí, es que la ausencia de un adulto que supiera satisfacer al niño, colocando límites sanos, hace que el niño desarrolle comportamientos manipuladores, adquiridos de sus cuidadores, en respuesta a las carencias y a los abusos.
Estas manipulaciones se traducen en conductas surgidas del miedo a perder el amor de los demás.
No sabes poner límites
Esta manifestación es muy clásica en un niño herido; éste no sabe decir basta cuando algo le daña o cuando le exigen demasiado; pero, sobre todo, le cuesta ponerse límites a sí mismo y reconocer que no puede con todo y que es normal.
Es el típico adulto que le cuesta admitir que es un humano y esto sucede cuando de niño tuvo que lidiar con conductas y actitudes abusivas y reprimir sus deseos a un pinto que de adulto no reconoce lo que necesita de verdad.
Desaparecen el juego y la risa de tu vida
Cuando una persona es demasiado seria, donde su vida es una constante lucha y no tiene tiempo para divertirse o relajarse, porque todo se centra en las obligaciones y responsabilidades es porque su niño interno está herido.
Si miras atrás seguro que recuerdas algún momento de la vida de tu niño que, aunque todo fuera negro a su alrededor, encontraba placer en las cosas más pequeñas.
Los nuevos retos te aterran, te falta iniciativa
La verdad es que a los niños sanos no les asusta nada, más bien se atreven a todo y lo disfrutan, porque saben que pueden lograrlo, a pesar de que se equivoquen una y otra vez; no les asustan los errores, porque son parte del proceso.
Pero, si en la infancia nos inundaron de mucho miedo a cometer errores, nos reprendieron en exceso cuando cometíamos una falta, es posible que nuestro niño interior esté asustado y no se atreva a probar cosas nuevas.
Te inhibes de hacer ciertas cosas porque no son apropiadas
Si piensas que te van a juzgar o desaprobar si actúas de una forma determinada y no te muestras como un adulto serio y respetable, entonces, tu niño interno está herido.
«Ya no estoy para…» suele indicar que hay un niño interior reprimido, al que de verdad le gustaría hacer eso que no «debe» hacer.
Te preocupas demasiado de lo que opinan los demás
Estas personas heridas en su infancia buscan la aprobación o, por el contrario, el conflicto, pero jamás actúan de acuerdo a sus propias necesidades e intereses sin preguntarse cómo reaccionarán los demás.
Ejemplo, si te apetece subirte a un columpio o echar a correr por la calle, por el placer de mover tu cuerpo, pero no lo haces, pregúntate por qué.
Tu bienestar depende de los demás
Tu niño interno está herido si buscas tapar un vacío de amor, horadado en la infancia, con lo que te puedan proporcionar tus parejas.
La verdad es que los amores que experimentas no son amores en los que cada uno se provee a sí mismo de lo que necesita y que se unen para sumar más; sino que complementas las carencias en vez de ser dos personas completas que se multiplican al estar juntas.
Si te vales de lo que hay ahí fuera para cubrir tus necesidades en lugar de desarrollar tu propia capacidad para sanarte, entras en la dependencia emocional y en el amor enfermizo.
¿Te sentiste identificado con alguna de estas claves?
Pues, si es así tu niño interno está herido y necesita ser sanado, él necesita amor y comprensión; necesita que reconozcas sus necesidades y que te encargues de cubrirlas tú mismo. Es un camino de sanación largo y arduo, pero, sin duda, es el mejor antídoto para las enfermedades y emociones negativas de la vida adulta.
H/T – Centromana